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viernes, 13 de mayo de 2016

PSICOLOGÍA REVOLUCIONARIA


Observador y Observado: Si tal división no se produjera, es obvio que nunca daríamos un paso adelante en el camino del Auto-Conocimiento. 

Psicología Revolucionaria

CAPÍTULO XII. OBSERVADOR Y OBSERVADO Es muy claro y no resulta difícil comprender, que cuando alguien empieza a observarse a sí mismo seriamente desde el punto de vista que no es Uno sino Muchos, comienza realmente a trabajar sobre todo eso que carga dentro. Es óbice, obstáculo, tropiezo, para el trabajo de Auto-observación Intima, los siguientes defectos Psicológicos: Mitomanía, (Delirio de Grandeza, creerse un Dios). Egolatría, (Creencia en un YO Permanente; adoración a cualquier especie de Alter-Ego). Paranoia, (Sabiondez, Auto-suficiencia, engreimiento, creerse infalible, orgullo místico, persona que no sabe ver el punto de vista ajeno). Cuando se continúa con la convicción absurda que se es Uno, que se posee un Yo permanente, resulta algo mas que imposible el trabajo serio sobre sí mismo. Quien siempre se cree Uno, nunca será capaz de separarse de sus propios elementos indeseables. Considerará a cada pensamiento, sentimiento, deseo, emoción, pasión, afecto, etc., etc., etc., como funcionalismos diferentes, inmodificables, de su propia naturaleza y hasta se justificará ante los demás diciendo que tales o cuales defectos personales son de carácter hereditario... Quien acepta la Doctrina de los Muchos Yoes, comprende a base de observación que cada deseo, pensamiento, acción, pasión, etc., corresponde a este u otro Yo distinto, diferente... Cualquier atleta de la Auto-Observación intima, trabaja muy seriamente dentro de sí mismo y se esfuerza por apartar de su Psiquis los diversos elementos indeseables que carga dentro... Si uno de verdad y muy sinceramente comienza a observarse internamente, resulta dividiéndose en dos: Observador y Observado. Si tal división no se produjera, es evidente que nunca daríamos un paso adelante en la Vía maravillosa del Auto-Conocimiento. ¿Cómo podríamos observarnos a sí mismos si cometemos el error de no querer dividirnos entre Observador y Observado? Si tal división no se produjera, es obvio que nunca daríamos un paso adelante en el camino del Auto-Conocimiento. Indubitablemente cuando esta división no se sucede continuamos identificados con todos los procesos del Yo Pluralizado... Quien se identifica con los diversos procesos del Yo Pluralizado, es siempre victima de las circunstancias. ¿Cómo podría modificar circunstancias aquel que no se conoce a sí mismo?. ¿Cómo podría conocerse a sí mismo quien nunca se ha observado internamente?. ¿De qué manera podría alguien auto-observarse si no se divide previamente en Observador y Observado?.
Psicología Revolucionaria Samael Aun Weor

viernes, 6 de mayo de 2016

sábado, 13 de febrero de 2016

EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO



La Conciencia: Consciente, Subconsciente e Inconsciente.

Con frecuencia se compara a nuestra Conciencia con un iceberg –montaña de hielo– del cual la parte que sobresale por encima de las aguas sería el Consciente y la que permanece oculto por debajo de las mismas el Inconsciente: Necesitamos transformar el Subconsciente en Consciente y esto solamente es posible desintegrando los Agregados Psíquicos que constituyen el Ego, el Mi Mismo, el Sí Mismo.
El conocimiento de Sí mismo, nos lleva por la vía directa, sin el proceso deprimente de la opción (entre el sí y el no, gusto o disgusto, aceptación o rechazo, etc.)En modo alguno sería esto posible si no nos auto-observáramos en acción de instante en instante, de momento en momento.
No se trata de vernos a través de alguna teoría o de una simple especulación intelectiva; vernos directamente tal cual somos, es lo interesante. Sólo así podremos llegar al conocimiento verdadero de sí mismos.
Aunque parezca increíble, nosotros estamos equivocados con respecto a sí mismos; muchas cosas que creemos tener, no tenemos, y muchas cosas que no creemos tener sí tenemos.
Nos hemos formado falsos conceptos sobre sí mismos, y debemos hacer un inventario para saber qué nos sobra y qué nos falta. suponemos que tenemos tales o cuales cualidades que en realidad no tenemos, y muchas virtudes que poseemos, ciertamente las ignoramos.
Somos gente dormida, inconsciente, y eso es lo grave. Desafortunadamente, pensamos de sí mismos lo mejor y ni siquiera sospechamos que estamos dormidos.
Si las gentes estuvieran despiertas, cada cual sentiría a sus prójimos en sí mismos; si las gentes estuvieran despiertas, nuestros prójimos nos sentirían en su interior. Entonces, obviamente, las guerras no existirían y la Tierra entera sería en verdad un paraíso......
Samael Aun Weor

miércoles, 23 de abril de 2014

FISICA CUANTICA


La física cuántica confirma que creamos nuestra realidad


La mayor parte de la gente desconoce que la mecánica cuántica, es decir, el modelo teórico y práctico dominante hoy día en el ámbito de la ciencia, ha demostrado la interrelación entre el pensamiento y la realidad. Que cuando creemos que podemos, en realidad, podemos. Sorprendentes experimentos en los laboratorios más adelantados del mundo corroboran esta realidad.
El estudio sobre el cerebro ha avanzado mucho en las últimas décadas mediante las “tomografías”. Conectando electrodos a este órgano se mide la actividad eléctrica mientras se produce una actividad mental, ya sea racional, como emocional o espiritual y así se sabe qué área corresponde a ese estímulo.
Estos experimentos en neurología han comprobado algo aparentemente descabellado: cuando vemos un determinado objeto se activan ciertas partes de nuestro cerebro… pero cuando se exhorta al sujeto a que cierre los ojos y lo imagine, la actividad cerebral es ¡idéntica! Entonces, si el cerebro refleja la misma actividad cuando “ve” que cuando “imagina”, llega la gran pregunta: ¿cuál es la Realidad? “La solución es que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente”, afirma el bioquímico y doctor en medicina quiropráctica, Joe Dispenza en el libro “¿y tú qué sabes?”.
En otras palabras, fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras experiencias, es decir, mediante nuestros pensamientos y emociones.

La farmacia del cuerpo

En un pequeño órgano llamado hipotálamo se fabrican las respuestas emocionales. En nuestro sistema endocrino, se encuentra la mayor farmacia que existe, donde se elaboran unas partículas llamadas “péptidos”, pequeñas secuencias de aminoácidos que, combinadas, crean las neurohormonas o neuropéptidos. Ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente.
Según John Hagelin, profesor de física y director del Instituto para la ciencia, la tecnología y la política pública de la Universidad Maharishi, dedicado al desarrollo de teorías del campo unificado cuántico: “hay química para la rabia, para la felicidad, para el sufrimiento, la envidia…”
En el momento en que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conectará con las células que tienen esos receptores en el exterior.
Cuando tenemos un miedo a no dormir, a hablar en público, puede hacer que recurramos a una pastilla, una droga o un tipo de pensamiento nocivo. El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestra mente con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos distancie del miedo. Pero cada vez que volvamos a ese mismo miedo, esto nos conectará, inevitablemente, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria cerebral.
La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”. Porque, como ha demostrado el Instituto Tecnológico de Massachussets en sus investigaciones con lamas budistas en estado de meditación, que las neuronas están permanentemente rehaciéndose, incluso, en la ancianidad.
Por ello, se puede desaprender y reaprender nuevas formas de vivir las circunstancias de la vida.
J. Ramirez